La alcaldesa encargada de Bogotá está dispuesta a imponer a cualquier costo la visión del Polo en torno a la ETB, con el argumento de que el Polo está en contra de las privatizaciones no sólo ha motivado la renuncia de funcionarios de la administración, sino que sin ningún rubor los desautoriza y regaña a través de los medios como sucedió con el Secretario General Yuri Chillán.
En pos de ese cometido acaba de trasladar a Héctor Zambrano de la Secretaría de Salud a la Secretaría de Hacienda, quien va a tener el encargo durante toda la etapa de la discusión del proyecto de acuerdo (Proyecto 172 de 2011), que está a consideración del Consejo de llevar la vocería del Gobierno de la ciudad. Él tendrá la responsabilidad de presentar la posición oficial del Distrito respecto a este activo público, y va a ser el único vocero autorizado para hablar de este tema ante el Consejo, ante los medios de comunicación, en los foros que se programen, para que salga fuerte y clara la posición del Distrito Capital sobre uno de los temas más trascendentales, que tocan uno de los patrimonios más importantes de la capital de la República, dijo la señora Clara López al anunciar el movimiento en el gabinete capitalino.
De hecho y asumiendo la clásica posición neocomunista, la alcaldesa encargada impone la visión del Polo como única válida para la ciudad, descalifica de antemano cualquier crítica a la negativa de ese partido de buscar soluciones reales a la situación crítica de la empresa de telefonía,
condenándola de antemano a no sobrevivir a la competencia. De hecho es tanta la soberbia de la funcionaria que está desautorizando a la misma Presidencia de la República que en Junio pasado había nombrado como alcaldesa ad hoc a Cristina Plazas, quien radicó ante el Concejo de Bogotá el proyecto de acuerdo para vender el 86,6% de las acciones de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB).
La venta accionaria había sido anunciada por el presidente de la compañía, Fernando Carrizosa, quien aclaró en su momento que la venta ya no sería del 51% como se tenía previsto en un principio. El 86,6% de las acciones que se venderán hacen parte del Distrito, el otro 14% es de la Universidad Distrital, el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB). Se sobreentiende que el presidente de la ETB también es desautorizado por Clara López.
Debe anotarse que miembros de la corporación capitalina, como el concejal Felipe Ríos
insisten en que la venta es la única salida para salvar de la quiebra a la entidad, cuyas acciones están por encima de $700 cada una. Y aunque el Gobierno considera que llegó la
hora de vender la empresa antes de que empiece a generar pérdidas —puesto que un reciente estudio demuestra que en poco tiempo ya no será competitiva— y que la junta directiva de la ETB manifestara que la venta es impostergable debido a que sólo una gran inyección de capital evitaría el derrumbe total de la entidad, otros concejales, como Jaime Caicedo, señalan que en los últimos diez años la ETB le ha dejado a la ciudad $1 billón 200 mil millones (120 millones por año), para inversión social y, de realizarse la venta, la ciudad perdería estos ingresos.
La realidad es que el debate quiere reducirse a cuestiones ideológicas más que a la realidad financiera de la importante empresa. Para el Polo es cuestión de principios promover la estatización de los servicios y cerrar la puerta al libre mercado y la competencia saludable para
el usuario, los resultados de estas políticas pueden verse sin mayor esfuerzo en lo sucedido con los servicios públicos domiciliarios en los llamados paraísos socialistas como Cuba, Venezuela, Nicaragua o Bolivia.
Por el contrario, experiencias como la vivida en torno a la EEB han sido saludables para Bogotá y los usuarios del servicio eléctrico, el año anterior esta empresa, en la que la ciudad conserva el 51% de la propiedad accionaria, registro utilidades por 723.212 millones de pesos (un aumento del 51,1% con respecto al 2009), el valor intrínseco de la acción de la EEB se ubicó en 82.807 pesos. La privatización de esa empresa no significó una variación significativa en el costo del Kw/h para el usuario y la calidad del servicio es reconocida ampliamente por la ciudadanía.
Entre otras cosas debe señalarse que la EEB es altamente competitiva, hoy posee posee la mayoría accionaría pero no controlante de la generadora de energía más grande de Colombia, Emgesa; cuenta con una participación similar en la mayor distribuidora de energía del país, Codensa; y tiene el control accionario de la Transportadora de Gas Internacional (TGI). EEB también posee la mayoría accionaria de Empresa de Energía de Cundinamarca (EEC).
Si se tienen en cuenta las cifras de la EEB, los temores del concejal Caicedo se caen por su propio peso, pues la participación accionaria mejoraría notablemente el músculo financiero de la ETB y con ello la posibilidad de mejorar utilidades para reinvertir en el sector social; la venta de ETB podría aportar US$2.000 millones.
Con US$2.000 millones, se puede completar el Transmilenio en plazos razonables, construir múltiples cruces elevados y desarrollar viviendas sociales para las zonas más deprimidas de la ciudad. Con las primeras, las personas y empresas serian más productivas. Con las segundas se apoyaría el desarrollo económico de un sector que hoy solo tiene la preocupación de sobrevivir.
Hay que recordarle entonces a doña Clara y al Polo que la venta accionaria de la ETB tiene mucho que ver con la economía de la ciudad y del país. Hay que recordarles que ¡Es la economía estúpido! (“Its the economy stupid!”), como le respondiera el entonces candidato presidencial Bill Clinton a un reportero que le preguntó “¿Cuál será el punto más importante de la campaña del 1992 en los Estados Unidos?”.
